By Belen Baquero 21 June, 2020 In Amores Pandemicos

ANIMARSE A TOCAR EL PIANO

Las creencias y aprendizajes gastronómicos apuntan a una persecución de sabores y presentación bien logrados, en el mejor de los casos pisando los talones de la perfección. Pero esa es la punta del iceberg con el que, necesariamente, chocó el TitaniCulinario

La entrevistada nos cuenta cómo nació su emprendimiento de quesos veganos, y cómo este envuelve una búsqueda de traer recuerdos gratificantes a la mente de l@s comensales a través de los sabores que logra con sus productos plant based. Un proceso de maduración de proyectos: de la idea a las pruebas, y de las pruebas a llenar el tanque de combustible y despegar.

Ella es Argentina y vive en Londres con su compañero desde mediados del año pasado. En febrero de 2019 comenzó con su nutricionista un recorrido de transición al veganismo, motivada por las ganas de llevar una alimentación a base de componentes reales y nutritivos para su salud. Fue allí que se topó con los quesos vegetales, un camino de ida. “Una vez que empecé a probar recetas y encontrarles el gustito logrando sabores parecidos a los tradicionales, ya no pude parar”, sentencia con seguridad mirando en retrospectiva. Fueron estos nuevos sabores que la despojaron de tentación, inclusive conviviendo con productos lácteos en su heladera. 

Pero algo dentro suyo la llevaba un poco más allá. Y fue esa sensación que nos toca a todos y todas en algún momento: motivación por algo más. Queda en cada uno percibirla, decodificarla y dejarse abordar por ella. Es un cosquilleo interior que levanta barreras. Como los corredores urbanos, esos que en las esquinas esperan a que el semáforo los habilite a seguir, pero no se frenan; se quedan trotando en el lugar para no perder el ritmo. Pequeños saltitos de lado a lado. Eso es lo que tenemos adentro, y si somos muy cuidadosos podemos percibirla: una electricidad interior que nos impulsa a hacer algo aunque nosotros estemos quietos. Las ganas de ganar una partida de Cigarrillo 43.

 

A ella, la comida le convoca su deseo de compartir y agasajar; es su momento de encuentro con el otro. Cuando comenzó a experimentar con estos nuevos gustos que se acercaban al queso tradicional logró sabores parecidos a un hummus fermentado. Una delicia para quienes disfrutan de estos sabores, pero sabía que faltaba un poco más para llegar a su meta. Siguió experimentando. “Un día logré un sabor que me hizo creer que podría gustarle a personas no veganas o gente como yo. Fue ahí que supe que era la hora de animarme y tratar de vender mi producto”, y así nació su emprendimiento, una nueva parte de ella. 

 

¿Qué buscamos cuando comemos? Una pregunta con tantas respuestas posibles y válidas, de eso se trata. Debería estar presente en la agenda de cada cocinero, y también en la de quienes no lo somos pero incursionamos ocasionalmente. La cocina es un espacio de creatividad y transformación; proponemos distintos elementos que, al mezclarse, se convierten en otra cosa. Dejan el capullo y cambian de estado. 

Nada en estático en la vida y menos en la gastronomía. Podemos resignificar comidas, encontrar distintos caminos para llegar a sabores que convoquen, ya sean tradicionales o nuevos. “Lo que necesitamos es consumir alimentos que nos hagan viajar a momentos de nuestra infancia, o de la vida en general, en los que fuimos felices”, asegura ella, explicando la clave de su motivación a la hora de crear. 

Es un proceso artístico como cualquier otro, que conlleva noches de insomnio atravesadas por pensamientos sobre qué se le puede cambiar o agregar, cómo mejorarlo, o mejor dicho, acercarlo a la proyección de resultado final al que se aspira: “Me iba a dormir pensando en los quesos, abría los ojos por la mañana, y los quesos estaban de vuelta como primera imagen”.
Una pasión descontrolada, que no hay que intentar suprimir, pero sí saber soltarle la mano en el momento indicado. “Hay que dejar que fluya el proceso, animarse a tocar el piano”, asegura. Es el momento que vivimos como pista de despegue: ya verificamos tener todo lo necesario y la torre de control ya dió el visto bueno. Sólo queda repeler los miedos e inseguridades, tan solo unos segundos, para tomar vuelo y no mirar atrás. Y la forma de hacerlo es conectando con esa electricidad interior que se mueve constantemente al ritmo de nuestro deseo.

 

Con el covid-19 ya presente en el mundo, publicó su emprendimiento en una aplicación que conecta con vecinos, invitando a que compren sus productos. Una noche la contactó su primer cliente, encargándole un queso rallado y una horma. Combinaron el horario de entrega para el día siguiente. Tal vez la primera venta es como el primer encuentro con alguien; nos abordan los nervios y las proyecciones del “qué pasará”. Nos cuesta, porque vamos a mostrar y entregar una parte de nosotros, ya sea nuestro tiempo, nuestra escucha, nuestra historia. Y en el caso de los emprendedores, se entrega una creación; una pequeña parte de esa persona. 

Luego de algunos altercados en el camino, como un intento fallido de ir en bicicleta o replantearse la bolsa que había escogido, llegó a la puerta. Tocó el timbre y en la espera se paralizó su corazón. Esos segundos en los que escuchamos al otro acercarse a la puerta y sabemos que todo está por suceder. Intercambió algunas palabras, entregó los quesos, la puerta se cerró y ella se sintió liberada. 

Vivimos estos primeros momentos como si fueran eternos, cuando en realidad duran minutos. Son el empujón de todo lo que se avecina. “Tengo fe en que en algún momento generará algo increíble que me nutrirá en un montón de aspectos”, asegura. Porque cada horma contiene su dedicación, tiempo de maduración y espera que conlleva el proceso de  fermentación, y toda la ilusión y motivación que deposita en cada creación. 

 

Hoy continúan sumándose clientes que compran y experimentan los sabores y la experiencia que ella ofrece. El ritmo del mundo se retoma lentamente; ahora está vendiendo sus productos en un mercado, lo cual había sido el plan original que se vio congelado por el confinamiento. Pero finalmente llegó, y toda la ilusión acumulada se plasma en su stand

Quizás este fue y sea su proceso personal de fermentación: la espera a pegar el salto, a ver crecer sus ideas convertirse en algo mucho más grande de lo que había deseado para ellas. 

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