By Belen Baquero 14 June, 2020 In Amores Pandemicos

NOS VEMOS DESPUÉS

Crecer y transformarnos involucra, entre otras cosas, dejar atrás algunos lazos y amistades con las que solíamos tener una agenda compartida. Un día nos damos cuenta de que ya no es lo mismo, porque no somos l@s mism@s. Los caminos se abren y afrontar este proceso es, en general, difícil.

 

Pero también es lo que nos permite formar nuevos vínculos más afín a quiénes somos, para compartir otras experiencias y seguir evolucionando. La entrevistada atraviesa su último año del secundario en cuarentena y nos cuenta cómo formó lazos intensos con un grupo de amig@s durante el confinamiento.

Solemos recordar la primera vez que realizamos algo y en ocasiones atesoramos la fecha exacta para celebrar aniversarios. A la hora de ponerlas en una balanza, suelen tener gran peso. La primera vez que montamos una bici, el primer diente que abandona la boca, la primera palabra, el primer encuentro, la primera vez que le dijimos “te amo” a alguien, el primer día de clases. ¿Cómo sería tomar notas mentales de nuestras últimas veces? La última vez que nos agarramos de la mano de un adulto para cruzar la calle, que nos dijimos “te quiero”, que dijimos “seño” en el aula, que lloramos por un raspón o una vacuna, que esperamos a Papá Noel.


En un contexto de aislamiento social recordar “la última vez” de algo es un ejercicio de evocación, de traer al presente la vida y las libertades que llevábamos antes de estar obligatoriamente confinados en nuestros hogares. “Un día dijimos ‘nos vemos después’ y no nos vimos nunca más; y no sabemos cuándo volveremos a hacerlo”, reflexiona ella pensando en qué detalles y momentos echa de menos. Emprender en un juego de valoración del todo, de cada diminuta parte que lo conforma: “Valorar las cosas más pequeñas, esas a las que en el día a día no le das bola porque estás acelerada pensando en lo que harás después, en que tenés que tomar un bondi para llegar a otro lado o sentarte a estudiar”. Encuentros, situaciones y detalles que dejamos pasar por la trituradora del olvido, porque son pequeños y caben. 


Ella tiene 17 años y cursa, virtualmente, quinto año en un colegio situado en el barrio porteño de Flores. Estar en el último año de la secundaria significa muchas cosas, pero principalmente, es transitar un lapso de tiempo con fecha de vencimiento. Y por ende, una obligación y presión, tanto personal como colectiva, de sentir al máximo. El conocido “no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy”, cambia por un “tenés que hacer hoy lo que mañana no podrás”. Ella enumera las cotidianidades que se había propuesto vivir más que nunca, como las clases, salir al recreo, conversar con docentes y compañeros, las expectativas por la fiesta y Bariloche, cerrar un ciclo.Este debía ser el año que más tenía que disfrutar porque es el último. Tratamos de pensar que en algún momento, aunque sea un mes, volveremos al aula e intentaremos recuperar un poco este tiempo perdido”, añade, porque a pesar de que hoy esta experiencia está pausada por el Covid-19, hay una luz que titila al final del túnel. Y ella es la que nos hace seguir; a ella, y a todas las personas que esperamos retomar esos planes paralizados por el semáforo en rojo de la cuarentena. 


Crecer y despedirse lentamente de la escuela es, también, soltarnos de ciertos vínculos con los que ya no compartimos caminos. Es entender que, a pesar de haber tenido una agenda compartida, de haber generado una suerte de hermandad, nos transformamos de formas distintas que no deben ser forzadas a cruzarse. A veces separarse es sano; no siempre debe ser un proceso sufrido y doloroso como nos han enseñado una y otra vez en todo lo que vemos y consumimos. 

En el caso de ella, el grupo de amigas que tenía pasó por distintas idas y vueltas en los últimos años y este fue el definitivo. El grupo comenzó a disolverse, lo que le permitió encontrar nuevos caminos y espacios. “Se fue dando por cambiar y crecer. Fue un proceso que costó, porque estaban quienes no entendían cómo podemos dejar atrás todo lo vivido, y quienes pensamos que es sano separarse si ya no es lo mismo”, reflexiona acerca de cómo fue poner en palabras este desprendimiento. 

Nos cuesta entender que hay situaciones, lazos y personas, que a pesar de que hoy no las elijamos para nuestro presente, tienen y tendrán su valor en el pasado. La definición de recuerdo nos dice que es el conjunto de imágenes de hechos y situaciones pasadas que quedan en nuestra mente. Me atrevo a actualizar parcialmente su significado: los recuerdos quedan en nosotros, en lo que somos. Son manchas de nacimiento invisibles que nos van dejando las personas y las situaciones por las que pasamos; y todas, en mayor o menor medida, fueron piezas esenciales que ayudaron a conformar el resultado final. Nos empujaron a lo que somos hoy. 


Ella entendió y se dejó abordar por este proceso de cambio. Y el resultado fue encontrarse con otras personas, compañeros y compañeras, con los que siempre mantuvo una buena relación pero no que habían fomentado un vínculo hasta el momento.

Comenzaron por combinar una salida al cine para ver Mujercitas. Por distintos motivos el plan no pudo concretarse, pero fue el inicio de algo mucho más grande. Se juntaron a ver películas y luego, como a cada uno de nosotros, la cuarentena los separó en el plano presencial. Pero siguieron intensificando sus lazos en la virtualidad, comunicados de forma constante por WhatsApp, y teniendo algunas videollamadas ajustadas a su agenda de clases y estudio. En los momentos libres comparten canciones, películas y series, siendo un ejercicio que les permite conocerse a fondo: “Somos personas que vivimos profundamente la música y el cine, entonces a todo lo que nos gusta le encontramos el toque sentimental para compartir”. Y así es como van conociendo sucesos que vivió el otro, cómo piensa y percibe la vida.


“Nos empezamos a dar cuenta de que tenemos más cosas en común de las que pensábamos que teníamos”, dice y se corrige en cuestión de segundos: “En realidad, esta vez nos permitimos darnos cuenta de eso”. Explica también, que el confinamiento fue un factor importante en el nacimiento de esta amistad porque, además de estar conectados de forma continua a través de un mensaje, utilizan la virtualidad para acompañarse y apoyarse en el día a día. “Ya pasamos la etapa en la que estábamos mal y angustiados, y ahora tratamos de pensar que en algún momento pasará todo esto; lo aceptamos. Porque no podemos manejarlo ni volver el tiempo atrás, pero sí poner las fichas en lo que vendrá”, agrega con una mirada positiva, una bocanada esperanzadora que toman codo a codo mientras persiguen esa luz que titila al final del túnel. 

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