By Belen Baquero 7 June, 2020 In Amores Pandemicos

ONDOLOIN

Al vincularnos con otra persona nos presentamos de a capítulos que surgen de manera casi espontánea, ninguno tiene una fecha exacta de publicación. Vamos dejando salir cada una de nuestras facetas de a poco hasta mostrar el todo, hasta mostrarnos. Quizás es lo único que dejamos sin planear, a manos del tiempo, y para l@s más místicos, del destino. 

Pasamos encuentros, charlas, de la cerveza a un café, conocer nuestros hogares, un poco de nuestro pasado, y un día sentimos que cruzamos una barrera que nos hace dar cuenta que estamos conociendo en profundidad al otr@. ¿Cómo se genera intimidad en un contexto de aislamiento social? 

 

Ell@s se conocieron dos semanas antes del inicio de la cuarentena obligatoria en Argentina, pero esto no frenó su proceso de conocimiento. La entrevistada nos cuenta cómo el aislamiento les dió la posibilidad de formar una pareja que hoy tiene sueños compartidos.

El viernes 6 de marzo ella amaneció antes que el Sol, combinó subtes hasta la oficina y transitó un día agitado de trabajo, esos que piden a los gritos una cerveza. Para muchos los after office después de un día de trabajo arrollador funcionan como un ritual: mojan sus almas en bebida y vuelven a casa limpios de todo estrés laboral. 

Llegada la hora de partir del escritorio combinó con una amiga para ir a un bar cercano, con perfecta ubicación frente al subte que la devolvería a su casa. Se sumaron más compañeras y pidieron sus pintas. Las cosas, las situaciones y la vida en general a veces no son lo que parecen, no son lo que teníamos planeado para ellas. Y esto comenzó a pasar en su ritual de detox laboral, que no terminó ahí. Una cerveza llevó a otra, el bar fue llenándose cada vez más hasta tornarse insoportable, y se vieron tácitamente expulsadas… A otro bar. 

Acabó en el Patio del Liceo con sus amigas y otros compañeros de la oficina que ya estaban allí. Un tablón con más de diez personas, una birra para cada uno, las luces bajas, conversación y risas. Él estaba en una mesa pequeña, al costado, bebiendo con sus dos amigos. Por distintos motivos la noche los guió hacia el mismo lugar, sólo faltaba que se crucen. Estaban en distintas partes del laberinto a tan sólo una vuelta de encontrarse. 

 

“Fui al baño, volví y una amiga estaba hablando con estos chicos así que me uní a ellos y terminé sentada en la mesa”, recoge de su memoria, y agrega que había una vibra que la llamaba a quedarse ahí. En cada bar sumaban más personas para su próximo destino, y en este, estos tres jóvenes españoles se sumaron a una caminata con próxima parada en un boliche. 

Las calles en Buenos Aires se caminan de a dos, para no bloquear el paso al resto de los peatones. Y ellos caminaron juntos, siendo un momento crucial: “En un punto del trayecto tenía ganas de volver a casa, pero no quería dejar de escucharlo y estar a su lado. Para mí ese camino fue el inicio de todo”. Entonces siguió sin voltear, y la conversación de historia y política los atrapó hasta que se toparon con la fila del boliche. Él le mostraba fotos de la ciudad en la que vive, Olite, y ella fantaseaba con escenarios de la historia. El mundo que los rodeaba había dejado de existir para ellos, y el tiempo empezaba a mostrar sus juegos: cómo había cruzado las vidas, por lo menos por esa noche porteña de marzo, de un español y una brasileña, en un recorrido de bares muy lejos de sus tierras.

Entraron y la química cultural e intelectual que tenían comenzaba a tomar otros colores. La música alta acercó sus cuerpos para que pudieran escucharse cuando hablaban. Ella le decía algo al oído y se devolvía a su posición. Se acercaba él y le respondía. Estuvieron en ese ping pong de pregunta, inclinación y respuesta, hasta que los frenó lo subconscientemente esperado: un beso. 

 

*******

 

Volvieron a verse entre amigos y pintas, y ella le dejó un anillo en su dedo meñique y le dijo que se lo podía devolver la próxima vez que se viesen. La noche que anunciaron la cuarentena obligatoria en el país estaban juntos. Ella se fue antes de la medianoche pero no le pidió el anillo, quería que se lo quede: “En ese momento nuestro vínculo era efímero pero muy intenso, y era la forma en la que él podía recordarme cuando volviese a España”. 

 

“Te voy a echar de menos”, le dijo él antes de aislarse cada uno en su domicilio. Combinaron llamarse todos los días y eso hicieron: llevaron largas charlas hasta la madrugada, cada noche que pasaba se intensificaba su sentir, profundizaban en la vida y en la mente del otro. Como parte de su ritual telefónico terminan cada día con un mensaje diciendo “ondoloin”, que significa “que duermas bien” en euskera. 

 

Una noche, mientras hablaban, se dijeron que querían estar 100% para el otro aunque estuviesen aislados y con una fecha de vencimiento próxima, y decidieron entenderse como pareja. Pero la relación que venían creando no iba a terminarse con la distancia y esta idea taladraba sus cabezas lentamente. Y es que en sus aislamientos se encuentran sumergidos en sentimientos de formas que nunca antes habían vivido. 

Se dieron cuenta que no podían frenar lo que les sucedía, que ni el Covid-19, ni el aislamiento, ni sus lugares de residencia eran obstáculos. Que jugarían todas las cartas necesarias para estar en el único lugar que necesitaban, uno al lado del otro. “No somos juguetes a pila que cuando se la sacan. se apagan, ya estábamos enamorados y eso no se termina con alguien subiendo a un avión”, reflexiona ella sobre las decisiones que fueron tomando en tan corto tiempo. 

 

Así fue como abrieron un libro en blanco y colocaron el primer sueño compartido: él regresará a España, terminará su carrera y volverá a Buenos Aires en busca de continuar compartiendo la vida, esta aventura que comenzó en una noche y que fue mutando sin pedir permiso. 

Ese es su horizonte, pero no es en lo que enfocan su energía hoy. Llevan el día a día como el término lo propone: momento por momento, con sus mentes y cuerpos en lo que les pasa en el presente, en vivir cada instante de intensidad y confort que encuentran en su compañía. 

¿Hacemos esto en nuestras vidas cotidianas, en los que algunos aún citan como “la normalidad? Tenemos la cabeza saturada de información, del trote de la rutina, del trabajo, de estudios, de la búsqueda del éxito, de preocupaciones enfermizas. Eso no es una vida intensa, es simplemente estar vivos. Nos cuesta pararnos en el presente de forma estática para registrar lo que nos pasa y nuestro alrededor; estamos corriendo continuamente detrás del futuro perfecto y deseado colectivamente en el que podremos sentarnos a descansar mientras somos exitosos. 

 

Ellos lo consiguieron: viven lo que tienen hoy. No saben cuánto tiempo tendrán en la misma ciudad, cuándo le tocará a él volver a España y cuándo regresará. La distancia física y las largas llamadas los volvió muy cercanos. “La cuarentena sintetiza nuestra relación, es donde afloraron todos los sentimientos y no le pusimos el freno a ninguno de ellos, tenemos que sentir y decir, sin pensar en el medio”, reflexiona ella acerca de los efectos del aislamiento en el vínculo que crearon. 

 

En esta pareja de compañeros, el tiempo y orden cronológico no tienen voz ni voto. Lo único que los explica es lo que hay dentro y entre ellos. El libro que comenzaron juntos está repleto de páginas blancas esperando a ser escritas. En el mientras tanto, ondoloin.

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