By Belen Baquero 31 May, 2020 In Amores Pandemicos

ROMPECABEZAS

A medida que crecemos vamos agregando responsabilidades en la mochila. Con ellas creamos rutinas y nos apegamos a un ritmo que combine con cada una. Y en el medio ocurre lo inevitable: alejarnos de momentos y personas que antes tenían más tiempo reservado en nuestra agenda. Existe una lista de posibilidades que nos ayudan a mantener una constancia con nuestras familias. El almuerzo del domingo, una actividad en conjunto, compartir algún taller y hasta pactar rigurosamente quién cuida a quién. 

 

La cuarentena nos empujó a explorar nuevos espacios para estos encuentros. La entrevistada nos abre las puertas del suyo con su abuela, y nos cuenta cómo emprendió un viaje de reconstrucción histórica de su vida.

¿Alguna vez nos preguntamos por la vida de los abuelos antes de conocerlos? Pienso que a ellos, y en general a los familiares que nos ganan en años de vida recorridos, los imaginamos viniendo al mundo tal como los conocemos. Mayores y responsables, con sus temperamentos bien definidos, algunos con matrimonios de años, otros inclusive ya divorciados. Como si hubiesen nacido al revés, empezando por su adultez y terminando como bebés, esperando nuestra ayuda, cuidado y paciencia. Una especie de Benjamin Button 2.0. 

Por más curiosos que seamos con ellos, sería una tarea casi imposible reconstruir una línea temporal de sus historias para atesorarlas como un libro. En general no tenemos el libro completo, es un resumen que nos prestó otro e incluye información que responde a las preguntas: dónde crecieron, qué hacían sus padres, cómo se conocieron con su pareja. Se suman algunas anécdotas de la infancia que acompañan las respuestas. Con este resumen y notas al pie que sumamos, vamos al parcial y aprobamos, obvio. Pero, ¿nos preguntamos qué vivencias tuvieron para que hoy sean quienes son? 

 

La entrevistada y su hermano llevan una buena relación con su abuela de 93 años, a quien visitaban seguido hasta que se decretó el confinamiento obligatorio en el país. Ella es sociable, ellos jóvenes: combinaron ambas características y montaron un espacio virtual para encontrarse por videollamada. Como todos, la idea de las juntadas comenzó por mantener el contacto, pero luego tomaron otra tonalidad mucho más poderosa: acompañarla a reconstruir su pasado para escribir sus memorias. 

Desde hace años ella les cuenta a modo anecdótico historias sobre su infancia en Polonia, cómo fue su salida del país para comenzar otro capítulo en Argentina y conocer a su marido. Ellos la empujaron poco a poco a volcar su trayectoria en un proyecto literario, un proceso de reconstrucción y recuerdo, detallado y laborioso como un rompecabezas de dos mil piezas. 

Un mes antes del aislamiento la acompañaron a comprarse una notebook para sumar una herramienta de registro y restar excusas para comenzar. En la primera videollamada les contó que aún no había empezado a escribir, que tenía un freno invisible por delante. En ese preciso momento entendieron que podían ayudarla desde otro lugar, que no era el de oyentes: nietos acompañantes. Armaron un espacio en sus agendas y combinaron encuentros específicos de creatividad y desarrollo. Continuaron escuchándola, pero ahora resaltando cosas que ella decía, repreguntando, ahondando en su memoria. Luego, ella lo plasmaba en el teclado y lo revisaban juntos.

 

Estos espacios tuvieron una doble función; para ellos muchas de las historias son ventanas por las que se asoman y descubren un nuevo mundo. El planeta de su abuela, que es a su vez el hilo que los conecta con sus raíces y los hace entender un poco más por qué ellos son como son. Es un ejercicio de construir las herencias: sus convicciones, heridas y costumbres. En sus propias palabras, un encuentro con la identidad. 

“Muchas veces asociamos la identidad con el apellido o con saber quién es uno, cuando todas estas cosas lo son”, reflexiona. Entender cómo la abuela dejó su país antes de la guerra y cuál era el clima que se gestaba en el barrio en el que vivía, no es sólo una forma de conocerla más a ella. También es entender qué pasos y decisiones los anteceden a ellos como familia, como aliados sanguíneos. 

De no ser por este proceso de escritura y reconstrucción en el que ellos son parte activa como la energía que alimenta el recuerdo y el viaje en el tiempo, probablemente desconocerían mucho de su abuela. Porque en el trailer extendido que nos pasa la familia, no están incluidas las sensaciones que los conectan a ellos consigo mismos al escuchar a su abuela hablar de su pasado, a recordar en el dolor y en la alegría. 

 

Como agregado a este encuentro con las raíces se suma una actividad que no hacían desde que ellos eran pequeños: que su abuela les lea. Pero esta vez, en lugar de un cuento, les lee su vida.

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