By Belen Baquero 25 May, 2020 In Amores Pandemicos

AHORA TE EXTRAÑO

Cuando hablamos del buen timing nos referimos a la sincronicidad y ritmo que nace en un vínculo con otra persona a partir de encuentros casuales, compartir actividades o tal sólo el cruce de las mirada. El reloj interno hace click en el mismo momento y se abren las puertas a un posible relacionamiento. 

En el caso de ell@s sus relojes se cruzaron varias veces a lo largo de la última década, pero el timing decidió acompañarlos ahora, en pleno confinamiento. 

¿Cómo son las dinámicas de relacionamiento en la virtualidad? La entrevistada reflexiona sobre los efectos materiales y sentimentales que conllevan los vínculos a través de la tecnología, y cómo estos tienen el mismo peso y valor que el lazo presencial.

Ella tiene tiene 31 años, vive en Zona Sur, es profesora y doctoranda en Ciencias Sociales. A pesar del aislamiento obligatorio decretado en el país, continúa saliendo a trabajar con los respectivos permisos y también realiza un podcast sobre políticas públicas. 

Él, residente de Zona Oeste, es médico. Como a todos y todas los profesionales de la salud, el aislamiento no ha sido un momento de pausa en las rutinas, sino más bien poner el cuerpo y mente en la batalla contra el virus. Continuando sus deberes cotidianos y guardias como tal. Ambos son seres en movimiento, en constante persecución de conocimientos para nutrirse. 

 

Se conocen hace años y tienen una amiga en común. En la última década han compartido encuentros como ir a la cancha y algunas comidas. También estuvieron presentes en el campo de las redes sociales, sobre todo él, en Instagram con una respuesta a una storie, un chiste. Una forma de continuar conectados a la distancia en la medida justa y necesaria que ameritaba el momento, las vidas que llevaban.

A lo largo de febrero estuvieron en contacto ya que ella buscaba un médico especialista para un procedimiento quirúrgico por el que pasaría la hija de su ex pareja. La ayudó a conseguirlo y luego continuó presente para saber cómo avanzó todo. 

Las charlas continuaron su curso natural, los caminos empezaban a entrelazarse de forma imperceptible. Ella le propuso participar en el podcast para hablar de políticas sanitarias y él, sin meditarlo ni por un segundo, dió el sí. “Me dijo que se prendía en cualquier cosa de una, y sé que es un poco tímido. Mi amiga me dijo que sólo lo hacía porque soy yo”, agrega en un tono de sorpresa cubierta por la risa. La propuesta con la productora quedó sin efecto, pero ellos pusieron en marcha la investigación, preguntas y videos, creando el material por su cuenta. 

 

Los tiempos en cada persona funcionan de formas muy diversas, condimentados por distintas rutinas, situaciones y círculos afectivos. No existe una sóla línea temporal, la línea somos cada una y uno, puertas para adentro. 

Sus caminos comenzaban a cruzarse y él la esperaba hace años. Ella lo tenía presente en su agenda mental, como alguien amable que formaba parte de su círculo de conocidos. Llevaban consigo un chiste que trascendió todos estos años, que es que ella no le daría la chance de conocerse porque es médico. Pero la clave fue empezar a notarse, a percibir la presencia del otro: “Siento que él me hace bien, y cada vez que supongo que vendrá una respuesta desinteresada o más abierta, él me da lo contrario. Palabras cariñosas, siempre en el detalle, algo que no me pasaba hace muchos años con personas que compartí vínculos afectivos”. 

Él estuvo presente desde el recuerdo durante siete años, atesorando los breves momentos que compartieron junto con algunos detalles: cómo estaba vestida, qué habían comido, algún que otro chiste que tuvo lugar entre bocados. Ahora los roles se están equiparando, siendo igual de afectuosos y presentes con el otro. Y es que el timing es algo así como una moneda que se encuentra suspendida en el aire, girando en cámara lenta sobre las personas, esperando descender en cara o cruz. Puede pasar años allí, flotando, o un día caer y activarse, cambiando el paradigma, las realidades, nuestro presente. 

 

La comunicación avanzó, y entre los intereses y curiosidades que compartían con el otro, ella le propuso que viesen la película Kryptonita. Hace algunos años fue a verla al cine pero se durmió y a él le llamaba la atención la temática. La idea inicial era comenzar el film al mismo tiempo para después debatirlo. Él reformuló la propuesta con un “¿y si hacemos una videocita?”. 

Se abalanzaron sobre la idea y combinaron algunos detalles de la noche: ambos cenarían empanadas con vino, eligieron la plataforma por la cual se encontrarían y el horario. En este último punto apareció el detalle otra vez, como una caricia: “No me gustan las horas redondas y suelo poner las alarmas terminadas en dos, entonces me propuso llamarme a las 22:02. Quizás cuando tenés que ir a encontrarte con alguien hay algo de eso que no se puede controlar y acá sí”. Era la oportunidad de probar un acercamiento más afectivo, en vivo, a través de la pantalla. 

Ambos llevaron a cabo el ritual para el encuentro: eligieron su ropa, se perfumaron, tendieron la mesa y colocaron música de fondo. Los preparativos para recibir a alguien en tu hogar, a la distancia. Y a medida que se acercaban las 22:02 los nervios crecían, esa radiante revolución interna que se apodera de nuestros cuerpos frente a los primeros encuentros con otra persona. 

Cenaron, vieron la película y continuaron hablando hasta las cuatro de la mañana. Ambos se colocaron el pijama y se fueron a acostar, a ella la venció el sueño y él concluyó la llamada. Un beso virtual en la frente y apagar el velador. 

 

Continuaron hablando diariamente entre sus movidas rutinas, poniéndose al día, contando algún detalle interesante. Combinaron la segunda videocita, esta vez con una propuesta distinta por parte de ella: hacer el test de 36 preguntas para enamorarse. La idea de este es generar mayor intimidad y un acercamiento al otro, a su vida, su pasado, sus aspiraciones. Y eso pasó entre ellos, reflexionaron en conjunto sobre sus caminos, sobre quiénes son y quieren ser. “Me sorprendió con la fluidez que hablamos, los conceptos que elabora y su forma de dejar salir las palabras. Qué piensa respecto de la vida, sus ex parejas, los vínculos y los ciclos”. Todo esto, poco a poco, los envuelve en el proceso de enamoramiento y conexión. 

 

El confinamiento funciona como una pausa en un mundo en el que todos y todas estamos conectados a una rutina 24/7 a la que a veces le perdemos el freno, hasta cuando creemos que lo tenemos bajo nuestro pie. “También me doy lugar dentro del aislamiento a cerrar capítulos de mi vida y. en simultáneo, conocerlo a él, la persona que me está sorprendiendo y con la que tal vez formemos un vínculo a largo plazo”, reflexiona en un tono más serio e introspectivo. Quizás esta vez es el momento. 

 

Se van gestando espacios de intimidad, que los impulsan a querer trascender la pantalla y abrazarse. Haciendo una proyección al futuro cercano, la situación social no dará demasiadas posibilidades de hacer actividades que no sean dentro de sus casas o a través de la tecnología, replicando la cotidianeidad virtual que llevan en el presente. 

Los aborda la curiosidad del qué pasará luego cuando puedan encontrarse cara a cara: “Me gustaría que se replique, que haya naturalidad, que esto que parece cotidiano lo haya sido, y que podamos trascenderlo”. 

De cierta forma parecen vivir en un capítulo de Black Mirror, en el que los personajes llevan un vínculo virtual y de golpe tienen que pasar a la segunda etapa, la relación en presencia. La pandemia pasará y deberán vincularse analógicamente otra vez. “Será igual de doloroso si la expectativa no se cumple o si no sale algo bueno de esto”, señala como puntapié para comparar las relaciones virtuales de las presenciales. Por más prejuicios que circulen al respecto, en la balanza llevan el mismo peso: invertimos energía, tiempo, sentimientos y deseo. El error radica en separar los planos cuando ambos forman parte del presente, de la realidad. Conllevan efectos materiales sobre las personas, en los que se crea una nube de expectativa y proyección. 

 

Un día tuvieron un desencuentro que desencadenó en poderosas palabras: echarse de menos. Iban a conversar por teléfono luego de la cena, pero se fue haciendo más tarde y él se durmió. Ella se recostó, pero antes de apoyar el celular sobre la mesa de luz, le dejó un mensaje: “Ahora te extraño”. Él se había desvelado para ir al baño y la llamó unos minutos, para despedirse una vez más, sumando un gesto de cariño impreso en palabras.

Extrañar al otro no es sólo echarlo de menos de forma física. Invocamos situaciones, la cotidianeidad que vamos creando con la persona, momentos que nos hacen sentir bien. 

 

Las videollamadas en medio del aislamiento son maravillosas. Nos permiten ver a la familia, festejar cumpleaños e inclusive ver el avance de un embarazo. Pero no suple en absoluto el compartir un almuerzo, los mates, darse un beso y estrechar los cuerpos mediante abrazos. 

“En este sistema cuando me hablan de las bondades de la tecnología, a mi me da miedo. Porque en general hay algo que está mal, que vendrá a rompernos”, resalta como reflexión final sobre la globalización y el poder de seducción de la tecnología. Es hermosa cuando está asentada en relaciones sociales igualitarias, en un mejor sistema político, económico y social. De otra forma esto no funciona y acaba rompiéndonos. 

 

La moneda del timing cayó entre los dos en plena cuarentena y ambos se acercaron a recogerla. La tomaron por los extremos y le van dando su forma y dinámicas entre videocitas, gestos de amor y compañía recíproca. Ahora sólo les queda la dulce espera y deseo de trascender. 

One Comment

  • Carli May 25, 2020

    Me fui enamorando a medida que iba leyendo. Hermosisima historia!

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