By Belen Baquero 17 May, 2020 In Amores Pandemicos

HIJA DE DOS CULTURAS

Vivimos en un mundo globalizado que nos somete a llevar su ritmo para no perdernos nada: consumimos información de diarios, programas radiales y más, navegamos en redes sociales y grupos de Whatsapp. La publicidad nos abraza, operando en nosotros de forma subconsciente.  Nos somete, porque el precio de salir de todo esto es muy alto: quedarse afuera, sentirse ajeno y un poco extraterrestre. También nos sumergimos en rutinas fatigantes en las que un día comprende trabajar, estudiar, hacernos cargo de nuestro hogar y su orden, algo de ocio. 

 

¿Queda lugar para la actividad de registro personal? La entrevistada comenzó el confinamiento obligatorio en compañía, pero a la brevedad partió a su casa. Allí emprendió un viaje de introspección, empezando por preguntarse quién es. Cuestionando su procedencia e historia,  encontró algunas respuestas y nuevos crushes

Ella tiene 31 años, vive en La Plata donde comparte departamento con una amiga. En diciembre del 2019 se recibió de antropóloga, carrera que realizó en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) a su ritmo y deseo. El Covid-19 la encontró trabajando en su emprendimiento gastronómico de pastelería, y otro que lleva con una compañera avocado a la producción de comida sana. A pesar del virus, ambos seguían en pie, con la producción y entrega en la ciudad y CABA. Pero el anuncio del confinamiento obligatorio frenó el país, y también a ella. 

Su cuarentena inició en la casa de una amiga, donde pasaron los días conversando, jugando a las cartas, cocinando y bebiendo entre risas por las noches. Un aislamiento compartido con gusto a vacaciones extrañas, que a los días llegó a su fin. El regreso a su departamento fue distinto a los anteriores. Ese llegar a casa agotados, tomar un baño para limpiarnos los restos del día que aún llevamos encima y apagarse para descansar. Esta vez, tenía el departamento en sus manos, ya que su concubina quedó varada en Colombia con el cierre de las fronteras. “Ahí empezó mi reflexión hacia adentro, la cual me debía hace mucho tiempo”, de esta forma comienza a definir su viaje. 


Las sesiones de terapia no se vieron interrumpidas por el deber de quedarnos en casa.

Como muchos otros, continuó teniéndolas por llamada. “Le conté al psicólogo que la primera semana me cayó la ficha de que me siento ajena a Brasil, estoy afuera de los procesos sociales que pasó y construyó su sociedad, y la historia en general”. Nació allá y migró a los 10 años con su familia a Argentina, habla portugués, pero la atraviesa una sensación de extrañeza cada vez que alguien le señala “vos sos brasileña”. 

Fue una tarde que estaba navegando en Facebook cuando encontró una publicación de la Embajada de Brasil, en la que recomendaban un listado de series, documentales y película sobre la historia del país.   Se frenó, en su cabeza resonaba la pregunta que titila hace años: “¿Qué soy yo en relación a Brasil, a toda su historia?”. Encontró una serie documental de diez capítulos basada en el libro El pueblo brasileño, del antropólogo Darcy Ribeiro.


Con el avance de la serie fue encontrando puntos de conexión entre la historia de Brasil y ella. Entendió de dónde salían expresiones y costumbres que su familia, e inclusive ella, usan a diario. “A través de mi carrera desnaturalicé muchas cosas culturales y lingüísticas, con el foco en Argentina. Entonces este es un proceso nuevo para mi, hacerlo con Brasil, que es un parte mia”. Más que eso, acaba siendo un descubrimiento de su persona, un destape. 


“Concluí con que soy hija de las dos culturas, con sus complejidades”, suelta como primera parte de su propia definición. Ella es algo nuevo que nunca ha existido.


En la serie documental, Ribeiro dice algo parecido: cuando los portugueses llegan a Brasil, donde estaban establecidas las comunidades indígenas, se inicia un proceso de génesis, de desarrollo. Ambos se mezclaron biológica y culturalmente, dando lugar a nuevas personas que no eran ni indios, ni portugueses, mucho menos inmigrantes: eran personas nuevas.
Es con esta idea que rebobina en su historia: “A mi toda la vida me pasó lo mismo, porque si bien yo soy hija de brasileños y nací allá, lo que atravieso va en el plano del sentir. No encajar en ninguna categoría, que a la vez es algo súper bueno porque te abre las puertas para inventar y ser lo que querés. Ser”.


Esta es la reflexión que le da a ella, y a todas y todos, la oportunidad de ser en relación a lo que sentimos. Y el confinamiento ha sido un espacio temporal que funciona como respiro de las rutinas, como ejercicio de registro y empatía, que comienza por nosotros mismos y concluye en el mundo. Abrir las puertas al propio cuestionamiento no es tarea fácil, está llena de cerraduras con llaves perdidas. Pero que al hacerlo aparecen preguntas aturdidoras y alucinantes: ¿en qué momento nos sentimos felices, más en sintonía con nosotros? ¿Qué queremos ser hoy?


El documental de Darcy Ribeiro y entender que es hija de dos culturas, fue sólo la punta del iceberg. El verdadero trabajo de fondo, más profundo y detallista, fue preguntarse “¿qué quiero ser?”. Haber comenzado con el proyecto gastronómico de comida saludable la llevó a descubrir su pasión por la agroecología, y cuestionarse los sistemas de producción y cultivo que hoy funcionan de forma masiva. “No se si es algo que amo, que me vuelve loca, pero sí es un tema que siempre me interesó y fluye”, retoma varias veces a esta idea. Porque ya no opera en sí misma la presión de buscar una vocación inquebrantable, un amor profundo por alguna actividad. Su búsqueda fue por cosas que le interesen y la nutran, que la apasionen en un aquí y ahora. Temas que funcionan como un flechazo, un crush


“Para mi lo agroecológico representa un montón de aspectos sociales. Estás usando productos libres de agrotóxicos, produciendo en sintonía con la naturaleza”, explica, y sin intención de hacerlo encuentra el punto de conexión con su esencia. La agroecología respeta los tiempos estacionales sin forzar aquello que no tiene lugar de forma natural. Se trabaja con y sobre lo que se tiene.  Es la forma armónica en la que nos conectamos con el ambiente y la oportunidad de deconstruirnos como consumidores.


Respetar los tiempos estacionales también se traduce en respetar cómo nos sentimos en distintos momentos a lo largo de nuestra vida y actuar en consecuencia. Es pensarnos en el ahora y hacer algo que nos nutra en presente. Es tratar de detectar, para luego romper, los esquemas sociales que cargamos. 

“Hay que darse cuenta que a veces las presiones sociales hacen que alguien sea algo que en realidad no es”, sentencia como punto final a su reflexión. Esta idea funciona y opera desde lo más pequeño, en lo que consumimos diariamente en redes sociales: productividad excesiva, ejercitación, nuevos pequeños proyectos. Hacer, hacer, hacer. Y poco ser. 


“Nadie sabe cómo será el mundo de aquí a 50 años. Solo sabemos una cosa: será totalmente diferente de lo que es hoy. ¿Alguien pensó que el mundo iba a cambiar tanto después de las guerras? El mundo se reinventa, entonces, lo más importante es reinventar el Brasil que nosotros queremos”, dice Ribeiro. Reinventarnos como queramos. 

One Comment

  • Carli May 18, 2020

    Me encanta la historia y la enseñanza detrás

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